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domingo, 27 de noviembre de 2022

MOMENTOS DECISIVOS

Tiempo habrá en las próximas dos semanas para ir viendo, y valorando, lo que se acontece en el devenir de la Copa Mundial de Catar 20022.

A un nivel de análisis estrictamente deportivo, de lo más interesante será observar qué prestaciones darán  Messi y Cristiano Ronaldo, estando ambos ya en el ocaso de sus carreras deportivas.

¿Será Messi capaz de dar un gran golpe sobre la mesa y liderar, sin titubeos, a su selección de manera incuestionable? Si algo destaca en los registros del jugador argentino, es su gran regularidad anotadora y asistente a lo largo de su carrera en torneos de larga duración (Liga).

Si bien es indudable que también ha destacado sobremanera en Champions, no lo es menos que atesora en su currículum ausencias o fallos decisivos en momentos trascendentes.

En este sentido, desde 2015 hasta 2022, no ha habido ningún gran momento decisivo en el que su talento se plasmara sin rodeos. Desgraciadamente, a Messi se le ha visto desaparecer en grandes citas que, de no haberlo hecho, habrían decantado, más si cabe, a su favor, la atribución de uno de los más grandes de la historia del fútbol.

A la memoria vienen las debacles, a nivel de club, en Roma, Anfield y Lisboa. También merecerían mencionarse los penaltis errados en las semifinales contra el Chelsea en 2012, o los de la Copa América en 2016, o su desaparición en la final del Mundial 2014.

No me imagino, ni se recuerda, a Michael Jordan fallando los tiros decisivos cuando los nervios están a flor de piel para decidir el desenlace de una final de la NBA.

Me estoy refiriendo a la capacidad de confirmar el talento y la fortaleza mental en los momentos decisivos contra rivales de entidad en situaciones donde no existe el margen de error.

En lo que respecta a Cristiano, un gran rematador con una obsesión y disciplina por su trabajo fuera de lo común, su incidencia en la generación y creatividad de juego, a diferencia de Messi, es casi nula. No hay aquí discusión posible alguna.

Pero sí destaca el hecho de que la aparición decisiva en momentos cruciales del portugués, desde 2014 en adelante, a nivel de competiciones formato Copa, es mayor que la de Messi.

Baste recordar las eliminatorias de Champions o las tandas de penaltis en las que ha sido partícipe desde 2014 en adelante, con Ancelotti de entrenador, el cual, junto a Zidane, supo cómo relajar las ansias y gesticulaciones histriónicas, y lamentables, del jugador portugués.

Creo que ahí dio un paso adelante en su capacidad de concentración, aprendiendo a resguardarse para jugar solamente al cien por cien los partidos seleccionados a la carta por sus entrenadores.

Demasiadas veces se ha aupado, desde prismas mediáticos del entorno culé, el indiscutiblemente rol creativo, talentoso, técnicamente genial de Messi. Por el contrario, se ha tendido a desmerecer un factor que para mí no es baladí: la fugaz capacidad de aparición anotadora y decisiva de Cristiano en competiciones con formato Copa.

En suma, será atractivo ir siguiendo la Copa Mundial para constatar si estos dos jugadores se reservan aún grandes apariciones estelares o, por el contrario, dejan lugar a los nuevos talentos que ansían entrar en la élite balompédica, poniendo así fin a una gran etapa de este deporte.

De momento, contra México, en una situación sin margen de error contra un rival inferior, Messi apareció anotando un gran y decisivo gol desde fuera del área, una réplica de tantos en su gran historial como jugador del Barça que fue.

 

viernes, 9 de abril de 2021

SIN REGATE NO HAY PARAÍSO

A lo largo de mis años jugando al fútbol tuve la oportunidad de compartir equipo con jugadores anónimos que tenían cualidades suficientes para haber sido futbolistas profesionales de buen nivel. Muchas veces, el hecho de llegar a nivel profesional tiene más que ver con una actividad comprometida y un porcentaje de suerte que con un talento natural. Cuando las tres condiciones coinciden la probabilidad de que surja un jugador notable es muy alta.

En la actualidad, cualquier equipo tiene unas instalaciones, materiales de entrenamiento, y unos equipos técnicos que posibilitan un desenvolvimiento más adecuado del jugador a nivel general, además de una preparación técnico/táctica muy necesaria para la comprensión global del juego.

No obstante, la masificación del orden deportivo, desde benjamines a juveniles, limita algo fundamental: la creatividad del jugador imaginativo.

El riesgo que se corre cuando un jugador con estas características hace inmersión en lo académico, y se le imponen desde la infancia los corsés deportivos por un supuesto bien común del equipo, es excesivo.

Un entrenador que no tenga en cuenta el riesgo/beneficio ante un jugador de características especiales, no es un buen entrenador. El arte se puede encauzar, pero nunca comprimir. Si la habilidad natural de un chico es la de encarar y marcharse de sus rivales, aunque ello vaya vinculado a una falta de disciplina defensiva, además de mostrarse ajeno a la posición de sus compañeros y de los rivales, lo adecuado es corregir estos excesos y potenciar sus cualidades.

Con la planificación deportiva y las modernas instalaciones, en Europa se ha perdido el jugador de la calle, el chico que se pasa horas jugando con el balón con sus amigos en un descampado. Afortunadamente, África y América Latina siguen siendo un vivero de chicos talentosos, forjados en una anarquía imprescindible, aunque cada vez más, en sus países se van incorporando los sistemas europeos en forma de escuelas de fútbol que sirven de cebo a los padres para dar el paso de rescatar a su hijo de un fútbol sin normas, para matricularlo en un centro de enseñanza futbolístico, un lugar en el que recibirá clases muy necesarias para entender el juego colectivo, pero asimismo perderá capacidades innatas por una subordinación excesiva a lo que dice un manual de instrucciones.

Recuerdo mis años de escolar cuando en el recreo se juntaban en el patio unos cien niños y niñas. Unos cambiaban cromos, algunas niñas saltaban a la comba, otros jugaban a las canicas, y en este bullicio de idas y venidas, se montaban partidos de como mínimo, quince contra quince. Acarrear el balón de una a otra portería era toda una hazaña, pues había que librarse de los contrarios, esquivar grupos de niños y niñas que estaban en otras cosas, sortear árboles, etc.

Durante años, en los dos cortos partidos diarios de mañana y tarde, no había mejor recurso para conseguir la gloria que coger el balón y lanzarse a por la portería contraria, dibujando laberintos, en una sinuosa batalla que casi siempre terminaba con la pérdida del balón después de haber regateado muchos obstáculos.

Rememoro como algo cercano al éxtasis el ver cómo te ibas aproximando a la portería, sin pensar ni un segundo en la posibilidad de pasar el balón a un compañero. Habría sido una acción fútil y absurda, pues el riesgo de dar el balón a un contrario o a alguien que pasaba por allí era demasiado alto.

De aquel avispero, con los años, salías con un dribling demoledor. Nadie podría definir el tipo de regate que se hacía, pues nacían de lo más instintivo de cada uno, nada que ver con los regates que ya están relacionados de manera académica y que se practican siguiendo un menú al alcance de todos.

En el fútbol actual solo puedo distinguir a dos grandes regateadores con un componente disruptivo indescifrable para los contrarios: Messi y Neymar. Hay algún otro en camino pero habrá que dejar pasar un poco de tiempo para confirmarlo.

El periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano ha sido quien más ha aproximado el fútbol al concepto poético que subyace en su núcleo interno. Dejó escrito en su libro El fútbol a sol y sombra que a medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí.

 

domingo, 20 de septiembre de 2020

PENALTI (I)

Cualquiera que haya jugado al fútbol ha notado un clic mental ante la tesitura de lanzar un penalti. Incluso en aquellos partidos sin trascendencia, con el desenlace decidido, en el momento concreto de lanzarlo, se percibe una responsabilidad que trasciende al partido. En aquel justo momento, el penalti se convierte en un duelo al sol entre el lanzador y el portero. Fallarlo implica cierto desorden interno, una sensación de incredulidad que te afecta más o menos según la importancia del error en el resultado global, tanto del partido como del futuro del equipo en la competición.

La posición del portero, desde una observación superficial, es más cómoda. En un principio no tiene la obligación ineludible de detener el balón. Si el disparo se convierte en gol saldrá exonerado del lance. Pero si consigue detenerlo entonces se convierte en un héroe.

Parecería que un portero frente a un penalti vive una situación idílica, aunque los problemas asociados al cancerbero en este lance concreto, tienen una sutilidad muy ponzoñosa.

Puede no parar uno, dos, tres y hasta siete penaltis pero, en un determinado momento, pasará a convertirse en el hazmerreír del barrio o del mundo entero. Será señalado como el portero que nunca para un penalti. Esta es una losa muy pesada que puede llevarle muy abajo en su autoestima.

Incluso Messi ha pasado por una fase en su carrera en la que se dudaba de su efectividad a la hora de lanzar los penaltis. Era una duda cierta, nada subjetiva. Messi no es un especialista en esta faceta, pero después de malos momentos que a buen seguro le incomodaron más allá de la adversidad de no convertir el gol, lo cierto es que ha sabido reconducir su mala racha y alcanzar una notable efectividad.

No se puede dejar de lado que la responsabilidad a la hora de lanzar un penalti es directamente proporcional a la resonancia del partido, y del momento particular del mismo. Fallar un penalti en un instante decisivo, no solo da alas al contrario, sino que el jugador que lo yerra queda inmerso en una nebulosa fatal durante el resto del partido.

En la noche del día 24 de abril de 2012, en la semifinal de la Champions, en el Camp Nou, contra el Chelsea, Messi falló un penalti decisivo. Con 2-1 a favor del FC Barcelona, avanzada la segunda parte, Messi tuvo la oportunidad de aplicar la puntilla a un Chelsea que jugaba con diez jugadores, por la expulsión de Terry. Marcar hubiese significado ir por delante en la eliminatoria que con 2-1 era favorable al Chelsea, que había ganado por 1-0 en Stamford Bridge. Muy concentrado, Messi estrelló el balón en el larguero. Quedaba mucho tiempo por delante, pero la suerte ya estaba echada. Messi ya no fue capaz de reintegrarse de nuevo al partido, ensombrecido por la infausta repercusión del error, y el Chelsea atisbó que la diosa fortuna le tenía abrazado.

Al día siguiente, se disputó la otra semifinal, Real Madrid-Bayern de Múnich. Los bávaros habían ganado en su campo por 2-1. Se dio el mismo resultado en el Bernabéu a favor del Real Madrid. En la tanda de penaltis, Cristiano falló su lanzamiento y el Real Madrid perdió la eliminatoria después que Sergio Ramos mandase el balón no se sabe dónde.

Curiosamente, en el margen de dos días, los dos mejores futbolistas de la década, fallaron sus lanzamientos en momentos trascendentales, pues de haber pasado sus respectivas eliminatorias, tanto el FC Barcelona como el Real Madrid habrían disputado la final de la Champions.


jueves, 3 de septiembre de 2020

CARTA ABIERTA A LEO MESSI

Fue en un Torneo Carranza, en al año 2005, cuando pude analizar tu juego y en pocos minutos me quedé asombrado. Lo primero que hice después de terminar el partido, fue comentarle a mi chica de entonces que había visto al que iba a ser el mejor jugador del mundo. En un gesto que nunca olvidaré, se presentó unos días después en casa con dos entradas para el Gamper, para el partido FC Barcelona - Juventus.

Yo aspiraba a verte jugar, aunque fuese unos minutos. Quería apreciar en directo lo que ya sabía.  El 24 de agosto de 2005, jugaste de titular e hiciste un partido memorable, con la grada enloquecida por lo que estaba viendo y por lo que deparaba el futuro.

Desde entonces te has consagrado como el mejor jugador del mundo sin ninguna discusión, año tras año, aunque ello no fuese reconocido en algunas galas del Balón de Oro.

Los aficionados valoramos la historia que te une al Club, hermosa, ejemplar y motivadora. De algún modo, el Barça es tu casa y los aficionados son tu otra familia, gente que cuenta contigo al igual que un hermano cuenta de manera natural con su hermano mayor o con su madre.

Todos los seguidores del Barça hemos creído de manera inocente e indudable que jamás te separarías del Barça. Es por eso que ahora estamos extraños, no solo porque quieras marcharte, sino por el momento elegido. Sí, es cierto que han pasado cosas en el Club que son inaceptables, pero al igual que una familia pasa por discusiones y malentendidos, es en los malos momentos cuando hay que hacer piña. No es razonable que un capitán, el mejor jugador de la historia, se marche en esta situación. Tampoco merece tu historia personal con el Barça que tu última noche sea tan negra como la vivida en Lisboa.

Recapacita, siendo razonable un calentón por tantas cosas ocurridas, la mayoría de la mano de un presidente que parece lelo, lo esencial es tu vinculación histórica con un Club que es tu  casa. Ahora todavía no lo sabes, pero si te marchas, sentirás un vacío inmenso semanas, meses o años después. Lo sentirás porque en tu conciencia de hombre de bien sabrás que nos dejaste en el momento más difícil, sin que los aficionados lo merezcan.

En tu despedida con Tito Vilanova, ya muy cercano a la muerte, te pidió que no te marcharas del Barça, cuando realmente tenías motivos suficientes para hacerlo, después de lo que te hizo Hacienda, tratándote como un malhechor.

Si entonces fuiste capaz de superar esta circunstancia, ahora debes hacerlo con mayor motivo. ¿Te irás con Pep Guardiola, precisamente con Pep? Aunque solo sea para honrar la memoria de Tito Vilanova, jamás deberías unir tu destino con él.

En el FC Barcelona has ganado muchos títulos, te faltan algunos que merecías, y entiendo tu frustración por tener menos Champions de las que anhelas, siendo además el gran rival, el Real Madrid, el que ha pasado por delante en estos últimos años.

Mira Leo, la historia del Real Madrid es la que es. Si analizas muchos de sus éxitos verás una serie de circunstancias que de manera recurrente, le echan una mano para salvar dificultades. Hay equipos que juegan los partidos mucho antes de que se pite su inicio, el Real Madrid sabe mucho de eso.

Leo, voy a darte dos razones para que mañana vayas a entrenar y te sientas de nuevo el capitán de todos los aficionados:

La primera, por lealtad con el Club, al margen de directivos y presidentes. Todos entendemos que en un mal momento te quisieras marchar, pero al igual que hiciste con Argentina, nada sería más poderoso para resurgir de nuevo, que tus palabras diciendo que te vas a retirar en el Barça.

La segunda Leo, es una que igual ni tienes en cuenta. Si bien es cierto que tu hambre de títulos echa de menos alguna Champions más, nunca debes olvidar el mayor título conseguido por el Barça contigo como la llave maestra:

Hicisteis el mejor fútbol que se ha visto en la historia.

Mi madre, jamás había visto ni cinco minutos de fútbol y un día, por los comentarios de amigas suyas, se interesó por ver los partidos.

Sorprendido le pregunté la razón de su comportamiento, qué es lo que la motivaba. Me contestó: me gusta como se la pasan tan rápido, sin que los contrarios puedan quitarles la pelota, y me gusta ver a Messi haciendo diabluras.

Este es tu mérito, tu gran victoria. No solo has conseguido que el mundo del fútbol afirme una y otra vez que eres el mejor jugador del mundo, sino que personas que nunca se habían interesado por el fútbol, lo hayan seguido.

Permíteme un consejo: preséntate mañana al entrenamiento, saluda a todos, abraza a tus compañeros, y nadie te echará nada en cara. Después de tanto como nos has dado, olvidaremos una rabieta plenamente justificada.


miércoles, 26 de agosto de 2020

FC BARCELONA: 2011-2020

El FC Barcelona acaba de decir adiós a la década más exitosa de su historia en lo que concierne al cómputo global de títulos conseguidos. En este transcurrir de tiempo, el club ha ganado 6 Ligas (2011, 2013, 2015, 2016, 2018 y 2019) 5 Copas del Rey (2012, 2015, 2016, 2017, 2018) 4 Supercopas de España (2011, 2013, 2016, 2018) 2 Champions League, 2 Mundiales de Clubes y 2 Supercopas de Europa (2011 y 2015). Sin duda un palmarés excelente donde los haya.

Sin embargo, la realidad del club en estos momentos se está complicando  sobremanera. En el día de ayer se oficializó la noticia de que Messi, capitán de la primera plantilla del FC Barcelona,  había enviado un burofax  pidiendo su salida inmediata del club.

Tiempo habrá para ver cómo evoluciona esta situación. Se vislumbra un enredo legal en referencia a los términos de la cláusula del contrato en la que el jugador puede decidir marcharse en cualquier momento, a no ser que se pactara un precio de venta para su salida.

La gestión como presidente de Bartomeu ha sido desastrosa, encadenando demasiados errores, cambios en la dirección deportiva, dimisiones, polémicas y escándalos mayúsculos de manera continuada.

Como capitán del primer equipo, Messi debería haber hablado después del 2-8, tal y como hizo Piqué justo al término del encuentro. Parece razonable pensar que Messi, siendo uno de los mejores jugadores de la historia, no ha sabido ejercer el rol para las funciones de capitán.

Quizás sea el primer caso en la historia en que un capitán del primer equipo y mito absoluto del club abandone el barco en medio del naufragio. Parecería que el amor al club y a su gigantesca masa social debería estar muy por encima del hartazgo –totalmente comprensible- con la junta directiva encabezada por el nefasto Bartomeu. Y más teniendo en cuenta que a él y a su junta directiva le quedan , como máximo, 7 meses de vida.

Ciertamente, existe el riesgo –enorme- de que el club pueda adentrarse de nuevo en una marea conflictiva con múltiples frentes abiertos con tintes de autodestrucción, perdiéndose en laberintos de todo tipo y de difícil salida, algo recurrente a lo largo de la historia del club.

El derrumbe en Lisboa fue el último acto de una generación que ha dado los mejores años en la historia de la institución. La vieja guardia, por lo que se intuye, no acepta intromisiones para que se hagan las reformas básicas necesarias después de que en Lisboa saltara todo por los aires, al cabo de demasiados naufragios y ridículos en Europa.

En este sentido, la figura de Ronald Koeman se ajusta al rol al que se le encomienda: gestionar con liderazgo la renovación que hace años debería haberse realizado. Es una leyenda del club y fue un jugador de clase mundial sin duda alguna. Y decide venir acompañado de Henrik Larsson, lo cual es una decisión inteligente, por lo que significó su ejemplaridad y sabiduría como jugador.

Como decía Johan Cruyff, toda desventaja lleva implícita su propia ventaja. Por más que desde el club y su entorno se mencione a Cruyff como tótem día sí y otro también, es harto imposible que en un club y un entorno tan bipolar, se aprenda a adquirir un enfoque práctico, pragmático e incluso desapasionado, tan necesario de aplicar en momentos de gran trascendencia y dificultad como los actuales.

En definitiva, con el fin de esta temporada atípica el FC Barcelona se despide de la mejor década en cuanto a títulos de su historia. Bien es cierto que reina en el ambiente la sensación de que se podría haber llegado todavía más lejos en cuanto a títulos europeos y dominio en el fútbol mundial.

Los aficionados al fútbol les agradecen todas las tardes de gloria y buen juego brindadas. En estos últimos cinco años se podría haber dado un golpe definitivo sobre la mesa, instaurando una hegemonía indiscutible, pero ha faltado más compromiso y mejor gestión. Un final demasiado triste para una travesía totalmente fabulosa. ·

sábado, 22 de agosto de 2020

EL DEDO ACUSADOR

Es una buena señal que Messi haya hablado con Koeman, interrumpiendo sus vacaciones. La mayoría de barcelonistas desean que Messi siga en el Barça, aunque su marcha ya no sería tan dolorosa como lo habría sido años atrás.

Le reconozco a Messi sus enormes méritos en la gloriosa etapa del FC Barcelona. Sin su presencia nada habría sido lo mismo. Creo que todavía podría liderar un proyecto en el campo, rodeado de algunos compañeros defenestrados en los últimos tiempos.

Soy de la opinión que esta plantilla, con algunas bajas, mejorada con injertos de jóvenes con hambre de victoria, entrenando de manera exigente, manteniendo el estilo Barça, podría competir con cualquier equipo del mundo.

Pero Messi debe ser consciente que mucha responsabilidad de lo que ha ocurrido es suya, compartida con algunos de sus compañeros de vestuario.

Desde la llegada de Valverde se ha entrenado poco, acomodados por una superioridad técnica y táctica que ha servido de espejismo en el discurrir de los últimos años, incrementado por el hecho de haberse ganado dos Ligas y dos Copas.

Tampoco ha ayudado en esta degradación una política de fichajes errática, tanto en las entradas como en las salidas, además de la presencia de futbolistas sin ninguna capacidad para jugar en el Barça.

El caso más estentóreo es el de Sergi Roberto, la confirmación del Principio de Peter, con el añadido de que él mismo es conocedor de sus absolutas limitaciones. Poner al mejor jugador del mundo al lado de un jugador tan mediocre, explica muchas de las debacles vividas. Siempre he pensado que es mejor jugar con diez que con once, si uno de los once es un agujero negro.

Es necesario mencionar la absoluta impericia a la hora de gestionar el vestuario, tanto por parte de Valverde como de Setién, plegándose a las exigencias de los futbolistas con más ascendencia, siendo titulares por decreto y nada predispuestos a ser sustituidos a lo largo de los partidos, lo que ha repercutido en el desgaste excesivo de jugadores veteranos, impidiendo que otros jugadores pudiesen aportar sus cualidades y forzar la competencia, tan necesaria en un equipo.

El caso de Suárez es clamoroso. Cerró la puerta a un rápido y preciso Alcácer, hasta provocar su marcha, mientras el uruguayo se iba arrastrando por  los campos de Europa, incapaz de ganar una carrera en velocidad o de combinar una jugada.

Si con Messi siempre se echa de menos a un integrante comprometido en la actitud defensiva, el necesario equilibrio se viene abajo cuando añadimos la poca efectividad en la presión y recuperación por parte de Suárez. En el fútbol moderno, tener a dos jugadores al margen de las labores de defensa y presión, es un exceso que se paga muy caro ante equipos de élite.

Tampoco hay que descartar lo negativo del efecto Messi: todos los jugadores antes de proponer algo, le dan el balón a Messi para que sea él quien lo haga. Esta dependencia ha provocado que las cualidades decisorias de la mayoría de jugadores hayan bajado de nivel. Sirva de ejemplo lo que hizo Alba en Liverpool: estando solo, delante del portero, buscando a Messi que estaba detrás de él, para que rematara.

Messi ha de ser consciente que del mismo modo que con su presencia el Barça se instaló en las estancias celestiales como nunca antes en la historia del club, con él ha habido un acomodamiento impropio en un vestuario profesional, lo que ha llevado al FC Barcelona justo delante de las puertas del infierno.

 

miércoles, 8 de julio de 2020

LA DECISIÓN DE SETIÉN

Una vez que en el F. C. Barcelona se han dado cuenta que la Liga tiene un dueño asignado, Setién ha sido capaz de convencer a los suyos de que era el momento de cambiar algunos detalles del sistema.

Si a su llegada fueron los mismos jugadores los que exigieron no tocar nada, pues la aplicación de nuevos conceptos podría perjudicar el triunfo final en la Liga, una  vez que han visto la inutilidad del esfuerzo por conseguirla -tanto por el juego mostrado, como por la línea unidireccional del VAR-, ya no tienen una posición de fuerza objetiva para impedir los cambios necesarios.

Imagino a Setién solicitando el beneplácito de sus jugadores para morir con sus ideas y no con las prestadas por un entorno que no sabe evolucionar. La evidencia de los hechos ha permitido unos cambios que si encajan podrían ser esenciales para presentar oposición en el intento de ganar la Champions.

En Villarreal se ha visto a Griezmann jugando como lo hacía en el Atlético, con libertad. No es extraño que haya jugado su mejor partido con el Barça. Al fin hemos visto que los interiores pisan el área contraria con más decisión, destacando Sergi Roberto, un lateral inadecuado, pero un buen carrilero para ir de área a área. Parece que Messi, harto de ver que el equipo no funcionaba, ha sido capaz de aceptar alguna novedad táctica que le afecte, incluso que se cambie a Suárez.

El Barça ante el Villarreal se ha parecido bastante a la U.D. Las Palmas de cuando era entrenada por Setién: los jugadores se juntan más en ataque, con paredes más cortas, con pases más cerca de la frontal del área contraria.

Asimismo, se dilata más la salida del balón para atraer contrarios en su intento por robar el balón. Es una trampa para salir hacia adelante en un fútbol siete, pues se dejan a tres jugadores propios y a tres contrarios, temporalmente fuera de posición.

Defensivamente se corren más riesgos, pero se trata de valorar los pros y los contras. Un Barça capaz de asediar al contrario, con creatividad atacante, tiene las de ganar en este combate. Dos centrales bien posicionados y dos carrileros de más recorrido pueden ayudar en la faceta defensiva, además de los laterales, y con el medio-centro como central adelantado.

Quedan cuatro partidos de Liga para insistir y perfeccionar la idea. Es un buen tiempo para conseguirlo, aunque no es seguro que lo consigan.


UNA CENA MUY ORIGINAL

Los integrantes de masalladelgol-colectivopessoa , seudónimos anónimos agazapados detrás de heterónimos invisibles, hemos llegado a la con...