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lunes, 17 de enero de 2022

LUIS ARAGONÉS Y EL BARÇA

Luis Aragonés (1938-2014) debutó como entrenador en la temporada 1974-75. En un movimiento único en la historia del fútbol profesional, pasó a entrenar a sus compañeros del Atlético de Madrid sustituyendo a Juan Carlos Lorenzo, a petición de la directiva del club colchonero, después de haberse iniciado la temporada y de haber disputado los 6 primeros partidos de Liga como jugador.

En su trayectoria en las filas del Atlético como técnico, que abarcaría hasta cinco etapas distintas, lograría una Liga (1977), 2 Copas (1976 y 1985), 1 Supercopa (1985), 1 Copa Intercontinental (1974) y un subcampeonato de la extinta Recopa de Europa (1986). En el año 2002 sería el artífice de devolver a Primera División al club rojiblanco, después de dos temporadas en el infierno de la categoría de plata.

Luis Aragonés dirigió, además, a nueve clubes a lo largo de su extensa trayectoria- Atlético, FC Barcelona, RCD Espanyol, Real Betis, Sevilla FC, Valencia CF, RCD Mallorca, Real Oviedo y Fenerbahçe-.

Sin embargo, el mayor logro por el que será recordado como entrenador fue el encumbrar a la selección española de fútbol en la cúspide del fútbol continental en el año 2008, posibilitando que toda una generación de jóvenes jugadores, aún promesas, se asentara en el Olimpo del fútbol mundial, forjando las bases para la selección española más exitosa de la historia.

Lamentablemente, son pocas las voces que recuerdan los trascendentales efectos e importancia que tendría Luis Aragonés en el seno del FC Barcelona, en dos tramos bien distintos en la historia del club.

Por un lado, si bien entrenó al club catalán tan sólo durante la convulsa temporada 1987-88, en la que Carles Reixach fue su segundo, en retrospectiva, el éxito logrado en la Copa del Rey de 1988, con victoria por 1-0 frente a la Real Sociedad con gol de Alexanko se antojaría crucial para el FC Barcelona, tanto por dar oxígeno a la tan agitada y degradada situación de la institución, como por la tranquilidad que brindó al club la conquista de un torneo de primer nivel, asegurando el acceso a competiciones europeas.

En suma, aparte de salvar una temporada complicadísima a todos los niveles, aquella victoria implicó que el proyecto de Cruyff, que tomaría forma a partir de la temporada siguiente, accediera a disputar la Recopa de Europa, que a la postre significó el primer gran éxito del neerlandés al frente del banquillo, al conquistarla en Berna en Mayo de 1989 al superar a la Sampdoria de Boskov por 2-0.

Veinte años después, el Sabio de Hortaleza volvería a brindar unos impagables y cruciales servicios a la causa azulgrana, al facilitar, con su excelente gestión al frente de la selección de fútbol, la explosión y consolidación en la élite de Puyol, Xavi e Iniesta.

Al fin de la temporada 2007-08, el proyecto de Rijkaard llegaba a su fin haciendo aguas, tras haber perdido el rumbo y la competitividad que se le suponía a partir de la victoria en la Champions de 2006 y la salida de Ten Cate. Paradójicamente, el recorrido de aquel gran proyecto fue menor de lo esperado, con polémicas día sí, día también.

En esa tesitura, en el verano de 2008 se disputaba la Eurocopa y, contra todos los pronósticos, el combinado liderado por Aragonés vencería la competición de manera magistral, hecho que tuvo un efecto directo para los intereses del FC Barcelona, dado que destacarían sobremanera jugadores como Puyol, Xavi o Iniesta, titulares indiscutibles en la Eurocopa, y que en su triunfal vuelta al club para la pretemporada 2008-09, ya con Guardiola y Vilanova al frente del FC Barcelona, devendrían vectores fundamentales para iniciar la mayor etapa de logros y juego de la historia del club.

A partir de ahí, todo cambió, y el tiki taka, o la filosofía Barça, marcaría el siguiente lustro del fútbol a nivel mundial, teniendo Aragonés una incidencia en todo ello muy relevante , lo que a menudo es injustamente olvidado por demasiada gente.

 

lunes, 9 de noviembre de 2020

EL ENTRENADOR EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

Recientemente Pep Guardiola expresó una queja en referencia a las dificultades de su profesión. Adujo que al haber pretemporadas demasiado enfocadas en lo comercial, más los partidos y viajes de las competiciones oficiales, además de la recuperación física y mental tras los mismos, queda poco tiempo para preparar estrategias y tácticas.

No le falta razón aunque es algo que viene ocurriendo desde hace bastantes años, antes incluso de su exitoso paso por el FC Barcelona. Más bien creo que la situación de por sí exigente, se ha estresado más a raíz del cumplimiento de los protocolos por el Covid-19. El estar pendiente de detalles preventivos, en un entorno de obligaciones y precisión, ha complicado mucho la gestión diaria de un equipo de fútbol.

Le diría a Guardiola que más que nunca haga suya la frase que tuvo el atrevimiento de decir al recibir la Medalla d’Honor del Parlament de Catalunya. La dijo en catalán: “Si nos levantamos bien temprano, sin reproches, creedme que somos un país imparable”. A ver si con sus atributos de filósofo es capaz de convencer a la tropa millonaria del Manchester City.

Los nuevos tiempos requieren cambios, algunos de los que han acaecido otorgan excelentes oportunidades. Siendo un gran inconveniente que los estadios estén vacíos al disputarse los partidos, los entrenadores tienen ante esta circunstancia, como nunca antes, la posibilidad real de influir en los partidos.

Hasta antes de la transmisión del virus, muchos entrenadores gesticulaban y gritaban desde su zona técnica, sin que casi ningún jugador fuese capaz de interpretar nada, ni siquiera de escucharlos. Los más afectados por las directrices airadas siempre eran los tres o cuatro jugadores que ocupaban una zona cercana al entrenador, aunque la influencia real era poco decisiva por no ser holística. No iba más allá de alguna corrección o aviso al jugador que tenía más a mano.

Ahora, en cambio, un entrenador tiene la capacidad de modificar la táctica del partido mientras se está jugando, porque puede hacerse oír por todo el campo por parte de sus jugadores.

En el último partido de la fase de grupos de la Champions, jugado en el Camp Nou, Mircea Lucescu, entrenador del Dinamo de Kiev, fue capaz de revertir situaciones complicadas desde la zona técnica, pasando su equipo de estar agobiado por el FC Barcelona, a ser dominador en varias fases del encuentro, hasta el punto que fue capaz generar bastantes jugadas de gol y de ponerle muy difícil la victoria al Barça. Los gritos de Lucescu se podían escuchar durante la retransmisión, de manera constante y enérgica.

Es el nuevo hábitat que beneficia a los entrenadores intervencionistas, a los que se mueven como si dirigiesen una orquesta. Algunos son exagerados en su gesticulación y dramatismo, como en el caso de Simeone y Guardiola. Zidane, en cambio, tiene movimientos elegantes, asesora de manera más relajada a sus jugadores. Siempre está presente, de pie en la zona técnica, como un faro que es necesario ver desde cualquier lugar del campo.

Un entrenador al que sus jugadores pueden visualizar mientras juegan, conlleva un efecto más beneficioso para su equipo que si se esconde en la cueva, acurrucado en el banquillo. La influencia positiva puede extenderse hasta los árbitros, pues en cierto modo pueden sentirse cuestionados por los gestos de un entrenador, máxime si este tiene la aureola de ser objetivo en sus observaciones.

De algún modo, en una pequeña parte alícuota, participa en el partido. Incluso puede beneficiar a su equipo de manera directa, en lances concretos en los que se requiera rapidez en la entrega del balón a un jugador, para sacar un fuera de banda.

Respecto de todo eso creo que, en bastantes ocasiones, Koeman se expresa con un lenguaje corporal equivocado. Me parece un buen técnico, pero a menudo su puesta en escena una vez que empieza el partido es inadecuada, transmite cierto fatalismo y poca confianza. Es por ello que me pareció acertado el comentario de un periodista que incidió en la cuestión. Koeman reaccionó ofendido, como si debatir estas cosas fuese un absurdo.

En mi percepción del fútbol, un entrenador solo debería sentarse en el banquillo cuando su equipo gana el partido con cierta solvencia, o cuando ya no queda nada por hacer al estar perdido de manera irremediable.  Mantenerse al margen de una dirección proactiva durante el partido sugiere poca implicación, incapacidad y desánimo según el momento del mismo.

De algún modo, al final de la temporada, debería hacerse evidente que los entrenadores intervencionistas habrán tenido mejores resultados que los que no lo son, comparando plantillas de manera ecuánime.

 

UNA CENA MUY ORIGINAL

Los integrantes de masalladelgol-colectivopessoa , seudónimos anónimos agazapados detrás de heterónimos invisibles, hemos llegado a la con...