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lunes, 19 de octubre de 2020

LIDERAZGO Y CARÁCTER

Durante el partido que el pasado sábado enfrentó al Getafe CF contra el FC Barcelona, destacó sobremanera un aspecto: la ausencia total de reacción frente a los varios atropellos sufridos por los jóvenes delanteros Ansu Fati y Pedri principalmente, pero también afectando a otros jugadores. Parece inadmisible que ningún jugador veterano asumiera el rol que se le presupone y que no se expresara de manera mínimamente vehemente sobre la gravedad de lo que estaba aconteciendo sobre el césped.

¿Cómo puede ser que ningún jugador saliera en defensa de ellos, que no protestaran como es debido?

El FC Barcelona lleva años dando señales claras de debilidad y ausencia de carácter y fortaleza mental en demasiados partidos, sobretodo fuera de casa y/o frente a equipos con mucha intensidad y agresividad. Parecería que sin público en los estadios, esta cuestión debería ser más sencilla de afrontar.

Si bien el equipo de Koeman está de lleno en plena reconstrucción y parece que va por una buena línea, necesitará indiscutiblemente un tiempo prudencial para conjuntar las nuevas piezas, adquirir los nuevos conocimientos tácticos y afianzar el vigor con el juego asociativo que le caracteriza.

Virus FIFA aparte, lo más preocupante es constatar que a día de hoy la plantilla está totalmente descompensada en cuanto al equilibrio de distintas personalidades que la componen y en lo que a liderazgo se refiere. Predomina un perfil de jugador apocado, reservado, introvertido, sin tintes de capacidad real para liderar y marcar una senda, una comunión de equipo, que marque claramente ascendencia. Es inconcebible que nadie saliera en defensa de sus compañeros increpados ni delimitara el terreno a Nyom.

Es del todo injustificable que ninguno de los capitanes reaccionara al respecto con las agallas mínimas necesarias. El ridículo de Busquets en las declaraciones a la prensa justo al acabar el partido fue mayúsculo, de vergüenza ajena. A Sergi Roberto ni se le busca ni se le encontrará, por supuesto. Es de sobras conocido que Messi no tiene el perfil para ser primer capitán. Y Piqué, que si bien parecería el mejor colocado de los cuatro, tampoco ha asumido el paso necesario que hay que dar en noches como la del sábado, in situ en el terreno de juego, no en los focos y micrófonos frente a los periodistas.

Se vislumbra una plantilla rejuvenecida, lo cual es en sí una buena noticia, pero con una ausencia flagrante de capacidad para lidiar en cuestiones como la tensión, el insulto, la agresividad, el juego duro, etc.

Es en noches como las del sábado pasado que se echan en falta roles que antaño realizaban jugadores como Márquez, Puyol, Deco, Edmilson, Alves, Keita, Abidal, Milito, Pinto, Mascherano, Valdés, Villa, Suárez o Van Bommel, para mencionar algunos. Cuando se habla de los éxitos recientes del FC Barcelona también hay que recordarlos a todos ellos, y a su ascendencia sobre los “percances” que ocurrían en el terreno de juego.

Sin lugar a dudas, para que el peculiar y único estilo de juego del FC Barcelona prospere, necesita de cuatro pilares básicos que lo sustenten: un nivel técnico y una mentalidad ofensiva-asociativa que lo define desde hace años; una preparación de jugadas de estrategia y táctica para ampliar el repertorio determinante del juego; un nivel físico vigoroso y pletórico, y por último, un carácter firme, con personalidad para expresar y defender la idea de juego y a sus miembros.

Es en este último aspecto donde parece que la plantilla, a día de hoy, está más vacía y necesitada que nunca.  ·

 

viernes, 3 de julio de 2020

EL SECRETO DEL GETAFE

He de reconocer que hace unos meses no tenía predisposición para ver los partidos del Getafe. No tanto por su manera de jugar sino por una elección más encaminada al selecto grupo de clubs de la Champions.

Empecé a interesarme más por ver sus partidos a raíz de los comentarios de algunos entrenadores y jugadores criticando su estilo de juego. Me dispuse a descifrar el encriptamiento del Getafe, valorar lo que se escondía a simple vista. Fue entonces cuando hice un descubrimiento esencial.

Al margen de los tópicos de su juego -balonazos, fricciones, faltas tácticas, etc.- resulta evidente que los resultados del Getafe avalan a su entrenador y sus métodos.

Su juego parte de una disciplina espartana en la que no se acepta ni una deserción, ni siquiera de un minuto. Cualquier desconexión mental de alguno de sus jugadores, revierte en fracaso. Sacando a colación su última hazaña, eliminando al Ajax en la Europa League, es momento de recordar la leyenda de Hans Brinker -el niño holandés de ocho años que salvó a su ciudad-, y asociarla con el Getafe: nadie puede sacar el dedo del dique porque entonces nada de lo que se haga obtendría resultados.

Bordalás está llevando a un equipo de jugadores sin renombre hasta cimas insospechadas utilizando el camino más corto, aunque también el más sacrificado.

Para ello ha abierto la jaula del azar, le ha mirado a los ojos y ha desarrollado una idea que pone en jaque a las gentes de palacio.

A los grandes equipos no les gusta la presencia del azar en los partidos, pues saben que una dosis mayor de lo esperado, puede cortar el hilo de su collar de victorias. Esta es la apuesta de Bordalás, provocar que el azar campe a sus anchas durante todo el partido.

Es por eso que cada balón despejado, la presión en todo el campo, sin atisbo de descanso, obedece a una idea fundamental: crear el caos en el contrario, un caos que convierte el verde tapiz en un laberinto. En este punto, los jugadores contrarios se sienten incómodos, pues están en un terreno inhóspito, áspero, en el que hay que desbrozar mucha maleza para llegar a alguna parte.

Expongo un ejemplo entre varios que podrían citarse: cada vez que el Getafe despeja el balón en zona defensiva, sin buscar un pase limpio, en lo que parece un recurso de un jugador de regional, lo que en realidad pretende es conectarse a la ruleta del azar.

El balón se despeja a lo largo y a lo alto, de manera que pasa a campo contrario donde lo espera uno de los defensas, aunque al tener que bajar de las alturas da tiempo a que un punta se acerque y mediante una disputa de balón muy estudiada, desplace un poco al defensa para que ante cualquier contacto con el balón, este salga hacia cualquier dirección.

A partir de esta situación, dos o tres jugadores del Getafe ya están prestos para la recogida del balón, uno o dos segundos antes que los contrarios. Lo que debería haber sido un balón cómodo para el defensa en un despeje habitual, se convierte en una jugada de riesgo.

En este hábitat, la infantería al mando de Bordalás, tiene muy claro lo que tiene que hacer: no buscan el balón, lo cazan.

Cuando tienen la presa en su poder, con el rival desorientado por tanto cuerpo a cuerpo, por tanto forcejeo, los jugadores del Getafe saben que es el momento de aprovechar los segundos de confusión de su rival para dar la estocada.

Soy capaz de valorar la belleza intrínseca de este planteamiento. Los jugadores del Getafe son gladiadores que representan una nueva idea de fútbol. Señalan el camino a tantos equipos que en su imitación sistemática de los grandes, justifican que nada cambie.

El Getafe es el veneno que hay que inocularse para subvertir el orden establecido.


UNA CENA MUY ORIGINAL

Los integrantes de masalladelgol-colectivopessoa , seudónimos anónimos agazapados detrás de heterónimos invisibles, hemos llegado a la con...