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martes, 27 de septiembre de 2022

TOKIO, 11 DE DICIEMBRE DE 1992

Telê Santana, figura legendaria del fútbol, abanderado del juego ofensivo, técnico y con vocación de dar espectáculo, pasó a la historia de este deporte, entre otras muchas cosas, por ser el entrenador de la selección brasileña en el Mundial de 1982 y por aupar exitosamente a los altares a principios de los años 90, al Sao Paulo FC, club al que dirigió entre 1990 y 1996.

Al frente del club paulista, Santana, como ideólogo, creó un fútbol tremendamente ofensivo y poderoso en su despliegue y dinamismo. No en vano, se había empeñado en resucitar y devolver a la élite del deporte a un coloso en horas bajas como era el Sao Paulo FC.

Al frente del club conquistó la Liga brasilera de 1991, la Copa Libertadores en 1992 y 1993, y las Copas Intercontinentales de 1992 y 1993, en las que se impondría al FC Barcelona y AC Milan de Capello respectivamente, considerados en aquellos tiempos los mejores clubes del viejo continente.

Había algo en su concepción del juego y filosofía del fútbol que lo emparentaba directamente con Cruyff, tanto a nivel de lo que entendían como juego lúdico-ofensivo, como sin duda también en su rol de tutores de jóvenes jugadores canteranos, que más tarde, con los años, pasarían a la historia (Cerezo, Cafú, Raí, Van Basten, Rijkaard, Bergkamp, Guardiola, etc.)

De hecho, uno y otro se profesaban mutua admiración desde hacía años, hecho que se plasmaría a nivel mediático en la previa de la final de la Copa Intercontinental disputada en Tokyo el 13 de diciembre de 1992.

El FC Barcelona y el Sao Paulo FC se presentaban a la final habiendo sido los ganadores de la Copa de Europa y Copa Libertadores respectivamente. Según lo narrado por el árbitro argentino designado para aquella final, Juan Carlos Lostau, el equipo arbitral y las plantillas de ambos equipos se alojaban en el mismo hotel. Tal hecho propició que en el devenir de la madrugada del día 11, el colegiado y los técnicos se encontraran reunidos en el salón del hotel nipón.

Según lo expuesto por Lostau, Santana y Cruyff debatieron sobre sus visiones de método y filosofía balompédica, siendo ambos predicadores del buen fútbol como religión, e hicieron un pacto entre caballeros, antes de la final: si algún jugador de uno u otro equipo no actuaba según su código futbolístico, sería sacado inmediatamente del terreno de juego.

Cuenta Lostau que ambos mitos estaban absolutamente convencidos que una derrota no equivalía para nada a fracaso si el juego expuesto en el césped honoraba al juego y devenía inolvidable en el tiempo para el espectador.

Había ahí una visión futurista, de voluntad de trascender, de convencimiento puro de pasar a la historia. El trabajo con la cantera era incuestionable, una prioridad, y ansiaban ganar con su credo como bandera, respetarlo y mantenerse fiel a él, al ser la base que sostendría los futuros éxitos por llegar.

Santana y Cruyff eran totalmente conscientes del rol muy parecido que compartían, que representaban y que les emparentaba, no en vano ambos habían cambiado la historia del fútbol, sí, sin haber ganado el Mundial, pero siendo eternamente recordados por el magnífico juego desarrollado por sus selecciones, la Holanda de 1974 y el Brasil de 1982.

En palabras de Lostau, la rica conversación de la que fue partícipe podría definirse con que ambos eran radicalmente entusiastas del “desafío que, en el terreno de juego, significaba buscar combinar la velocidad con la precisión”. Cruyff y Santana, dos genios con almas gemelas.

 

jueves, 25 de febrero de 2021

DOS AÑOS PARA LA HISTORIA

En Junio de 1985, Johan Cruyff se hacía con las riendas del primer equipo del Ajax de Ámsterdam. Tras una breve experiencia previa como Director Deportivo en el organigrama del club, función desde la cual proyectó el devenir inmediato, implantó su peculiar filosofía de fútbol ofensivo, según la cual los jóvenes jugadores provenientes de la cantera tendrían un rol protagonista y decisivo en las plasmación de su arriesgada idea del juego asociativo.

No fue, sin embargo, una aventura de larga trayectoria, puesto que la dirigencia de Johan Cruyff en el banquillo del Ajax duró menos de lo esperado -no llegó a los 3 años- hecho crucial en el devenir de la historia culé, dado que propició su posterior fichaje por el FC Barcelona post Motín del Hesperia en 1988.

Con todo, en el equipo de Ámsterdam fue capaz de conquistar 2 Copas en 1986 y 1987, y la Recopa de Europa de 1987 frente al Lokomotiv de Leipzig. Títulos aparte, el legado del Cruyff entrenador se explica por la decidida apuesta por inexpertos canteranos holandeses que en unos años alcanzarían el estatus de grandes estrellas mundiales.

En su camino hacia la final de la Copa de Europa de Campeones de Copa, el Ajax se impuso al Bursaspor, Olympiacos, Malmö y Real Zaragoza en las sucesivas eliminatorias (relevante es señalar que no fue hasta principios de los años 90 que se instaurarían las liguillas de grupo previas en todas las competiciones europeas de clubes )

El 13 de Mayo de 1987, en la final disputada en el estadio Olímpico de Atenas, el Ajax conquistaba su primera y única Recopa de Europa con un decisivo gol de Van Basten, imponiéndose por 1-0 al equipo de la extinta RDA, siendo la primera gran noche internacional del excelso delantero nacido en Utrecht.

Aquella Recopa marcaría el inicio de un reinado holandés a nivel europeo, catapultando a Van Basten y Rijkaard como futuras figuras. Significó, sin atisbo de duda, el pistoletazo de salida de una gran generación de jóvenes neerlandeses que marcarían una época dorada de triunfos y certificarían su dominio en el mundo del fútbol en los años venideros.

Entre los jugadores que disputaron la final con el Ajax destacan también los nombres de Arnold Mühren, Van’t Schip, John Bosman o Jan Wouters, los cuales serían parte integrante de la selección holandesa que lograría, tan sólo un año más tarde, la Eurocopa frente a la URSS en Múnich.

Estrechamente relacionado con todo lo expuesto, destaca indiscutiblemente el tercer gran éxito del fútbol neerlandés de la época: la victoria del PSV Eindhoven en la final de la Copa de Europa de 1988 disputada en Stuttgart.

Aquel equipo dirigido por Guus Hiddink se proclamó campeón de Europa gracias a su victoria en la tanda de penaltis frente al SL Benfica. En aquella plantilla destacaban el guardameta Van Breukelen, el defensa Ronald Koeman y el mediocampista Gerald Vanenburg. Al igual que en el caso del Ajax de Cruyff, los tres jugadores fueron también pilares troncales del éxito de la selección neerlandesa dirigida por Rinus Michels en 1988.

Así, en tan sólo dos años, de 1987 a 1988, el fútbol neerlandés vivió una de sus mejores épocas, con varios jugadores esparciendo su trascendental impronta en clubes de todo el continente, destacando sobremanera los casos del AC Milan, con Gullit, Van Basten y Rijkaard a la cabeza, y, posteriormente, el del FC Barcelona, con Cruyff y Koeman como grandes estandartes de una nueva era.

UNA CENA MUY ORIGINAL

Los integrantes de masalladelgol-colectivopessoa , seudónimos anónimos agazapados detrás de heterónimos invisibles, hemos llegado a la con...