sábado, 3 de diciembre de 2022

EL PATROCINIO

Dejando a un lado el seguimiento e interés estrictamente deportivo que brinda la celebración de una Copa Mundial, algo que incluye un gran abanico de posibles análisis, que van desde el porqué de las eliminaciones de Alemania o Bélgica, o el papel que están desarrollando los combinados neerlandés y español bajo la tutela de Van Gaal y de Luis Enrique respectivamente, debemos centrarnos en los aspectos trágicos que han anticipado la disputa del torneo futbolístico.

Así, más allá del gozo del aficionado al fútbol, y dadas las múltiples polémicas que giran alrededor de la actual Copa Mundial que se está disputando en Catar, en este artículo se hará mención a la gran siniestralidad laboral habida desde el inicio de las obras de construcción para los seis nuevos estadios de fútbol. Se calcula que el gasto total para las obras giró alrededor de unos 5700 millones de euros.

Con todo, en el estudio llevado a cabo por la Confederación Sindical Internacional (CSI) en diciembre de 2015, se denunciaban las execrables condiciones de trabajo de los obreros asiáticos, y en el mismo destacaba la aparición de la palabra kafala, que en nuestras latitudes ha llegado en cuentagotas, y en todo caso, muy recientemente, a medida que se acercaba la celebración del evento.

En su traducción del idioma árabe, kafala significa garantizar y remite a la condición de patrocinio, que a la práctica no es más que un sistema de esclavitud contemporáneo. Básicamente, este se explica por la presencia de un contratante catarí que tiene un control y dominio absoluto sobre el contratado foráneo.

Este deja de tener poder decisorio sobre su pasaporte, que le es confiscado, lo cual significa que no tiene ninguna libertad de decisión ni de movimientos sobre su vida a la hora de poder plantearse abandonar la monarquía teocrática si así lo decidiera. El patrón teocrático tiene todos los derechos sobre los trabajadores migrantes, los cuales representan un 95% de toda la mano de obra habida en el emirato.

Este vocablo se antoja básico para poder entender toda la cuestión relativa a las criminales condiciones de trabajo que los obreros de la construcción venidos de Nepal e India -entre otros países asiáticos- se encontraron durante los años del frenesí de la  construcción para toda la infraestructura de los hipermodernos templos del fútbol de Catar.

En febrero 2021, el periódico inglés The Guardian reveló, en uno de sus reportajes de investigación, que hasta esa fecha habían fallecido unas 6500 personas por accidentes laborales en Catar, que se explicarían por crisis cardíacas, deshidratación, golpes de calor, caídas al vacío, etc.

A ello se deben sumar las condiciones infrahumanas de existencia, que van desde los barracones donde vivían hacinados, sin agua y con poca comida, los obreros de la construcción. A ello se deben añadir todas las trabas y dificultades acontecidas con la repatriación de los cadáveres hacia sus países de origen.

El artículo del diario inglés era un compendio de sus propias investigaciones ligadas a los informes de la Confederación Sindical Internacional y a otro de Amnistía Internacional, también publicado en 2015.

Las leyes del silencio y la censura informativa están a la orden del día, según sean los gigantescos intereses económicos que haya detrás. En este sentido, destacan los ejemplos habidos con las inyecciones de ARNm estadounidense y sus gigantescos efectos mortales y iatrogénicos, o la absoluta inexistencia a nivel mediático de la catástrofe humanitaria de la guerra de Yemen.

Veremos cómo, a nivel deportivo, sigue evolucionando la marcha del Mundial, a pesar de los flagrantes silencios y autocensuras de todos sus participantes.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

UNA CENA MUY ORIGINAL

Los integrantes de masalladelgol-colectivopessoa , seudónimos anónimos agazapados detrás de heterónimos invisibles, hemos llegado a la con...