domingo, 30 de agosto de 2020

FÚTBOL FEMENINO

Alguna vez, muy pocas, me entretengo con algún partido de fútbol femenino. He de reconocer que nunca he visto un partido completo jugado por mujeres, pues el espectáculo y la motivación no cumplen mis expectativas. No tengo inconveniente en afirmar que eso también me ocurre con muchos partidos de fútbol masculino.

El partido elegido esta vez fue el de semifinales de la Champions, jugado entre el FC Barcelona y el Wolfsburg. El partido tuvo emoción por el resultado final de 1-0 para el equipo alemán, con bastantes ocasiones de gol para ambos equipos, con un nivel de juego aceptable.

La igualdad de género es una demanda que está muy presente en nuestra sociedad. Es un anhelo que implica un ideal de mayor justicia, aunque en demasiadas ocasiones es malinterpretado, en otras utilizado para sacar tajada de una situación interesada o esgrimido por simple ignorancia.

Digo esto porque está del todo justificado que unas chicas que se dedican al fútbol profesional tengan sus merecidos ingresos por su práctica laboral, pero resulta del todo inaceptable que a través de campañas de difusión social y política, se pretendan colar con calzador unas reivindicaciones económicas excedidas, fuera de lugar a día de hoy.

La última reivindicación absurda es el lamento de una jugadora del PSG: “No entiendo por qué no hay VAR en la Champions femenina. Es parte de la discriminación, lo digo así y no me voy a esconder. Si queremos igualdad, esto tiene que ser igualdad”.

Al margen de cuestiones éticas y de aspiraciones legítimas, las futbolistas no están en condiciones de exigir una igualdad  -aunque sí una equidad- con los futbolistas, más que nada porque lo que ofrecen unas y otros es del todo incomparable.

En este juego de igualdades forzadas sorprende el trato periodístico que se da al fútbol femenino, cada vez más presente en los medios de comunicación, cuando ni por el nivel de juego desplegado, ni por el interés real que despierta es merecedor de ello.

No creo que el fútbol femenino vuele muy arriba, a pesar de que las rivalidades entre equipos de renombre ayudarán a una mayor consecución de cuota de espectadores. Veremos si con la crisis económica no hay un freno a su divulgación y financiación.

La naturaleza y la sociedad han otorgado a cada género y a las diferentes tipologías, unas determinadas cualidades y características que conviene tener presentes, no para discriminar a nadie, sino para tener clara la separación entre actividades deportivas profesionales en un entorno exigente, de otras prácticas más laxas, más o menos lucradas, dependiendo de las modas de cada momento.

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