martes, 2 de noviembre de 2021

EL MARTIRIO DE KOEMAN

Con la destitución de Ronald Koeman se ha hecho realidad la profecía autocumplida por Joan Laporta. Antes de que eso ocurriese, Koeman había sido humillado en repetidas ocasiones por el presidente del FC Barcelona de manera sistemática y planeada, en una sucesión de declaraciones y hechos que provocan vergüenza ajena.

Ronald Koeman era una herencia de Bartomeu, además de ser un icono del club, y había que decapitarlo, al igual que se hizo con tantos buenos profesionales del FC Barcelona, sin atender a sus méritos. La lista es muy larga, pero merece la pena detenerse en la marcha de García Pimienta, no renovado al finalizar la temporada pasada como entrenador del FC Barcelona B, cuando a lo largo de los años ha entrenado a todos los jugadores del primer equipo del Barça salidos de la cantera, y que ahora bien habría podido ser el recambio natural de Koeman.

En su lugar tenemos a Sergi Barjuan, amigo de Enric Masip, el guardaespaldas vicepresidente de Laporta, que de modo imprevisto ha visto cumplido su sueño imposible de entrenar al FC Barcelona, aunque sea de manera provisional. No tengo nada en contra de Sergi Barjuan, pero es fácil llegar a la conclusión de que no ha hecho méritos para haber llegado a la cúspide y dudo mucho que alguna vez los atesore.

La gestión del resacoso Laporta es lamentable, de arriba abajo y de derecha a izquierda. Se presentó a las elecciones sin programa y desde que ha llegado a la presidencia ha dado un recital de improvisaciones impropias de una persona capacitada. Su intención oculta es aprovechar la favorable situación crítica del club para dar el último pelotazo de su vida y si de paso, salva al FC Barcelona, pues habrá que ir a la fiesta que organice para celebrarlo.

Laporta es de esas personas que se llenan la boca de democracia, pero que en cuanto huele que una votación se le puede volver en contra, como hizo el 17 de octubre en la asamblea de compromisarios, suspende la sesión alegando el motivo más oportuno al caso. Laporta es listo y tiene mucha cara, y ambas cosas sirven de mucho para salir de atolladeros peligrosos. En el Parlament, al margen de su presencia meramente testimonial, aprendió muchas cosas de cómo es la democracia a la catalana.

Koeman ha vivido desde el final de la temporada 2020-2021  un auténtico maltrato por parte de Laporta. Quiso sacárselo de encima nada más terminar la temporada, escudándose en el patético final del FC Barcelona en la Liga, sin atender que el desenlace de la misma estaba pactado de antemano.

El plan de Laporta consistía en forzar su dimisión y de este modo, evitarse la indemnización por despedirlo. Al fallar sus previsiones, no ha perdido la oportunidad de vejar a su entrenador una y otra vez, esperando que al fin Koeman hincase la rodilla. Pero Koeman ha soportado el calvario de manera estoica, incluso tuvo que soportar una avalancha de modernos bárbaros que le esperaban a la salida del parking de un modo muy casual y causal.

Abatido, con jugadores importantes lesionados durante semanas y meses, con una plantilla muy inferior a la del año pasado, con un presidente que ha jugado de manera inmisericorde con su prestigio y dignidad, Koeman ha soportado todas las circunstancias, por adversas que estas fuesen, esperando que en el pulso entre torturado y torturador, el final fuese el de la liberación.

Finalmente Laporta ha tenido que ceder, víctima de lo que él mismo había provocado. ¿Cómo se podía esperar un juego alegre, efectivo y vistoso de un equipo arruinado, con un mal de ojo inyectado en vena y con un entrenador sojuzgado sin ninguna piedad? Koeman en el banquillo era un hombre a la espera de su ansiada ejecución.

 

 

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