lunes, 6 de septiembre de 2021

ANTICIPANDO EL FUTURO ( II )

Cuatro horas antes del primer partido de competición en el grupo V de la Tercera División RFEF, tuve la oportunidad de hablar con Josep Colomé, entrenador del Esport Club Granollers, al coincidir ambos en la cafetería del Hotel Europa.

Hablamos de manera informal de la nueva temporada que estaba a punto de comenzar y del inminente partido frente al Club Esportiu Júpiter. Además, no pude evitar preguntarle por las razones del fichaje de Paladino.

Comentó que por mediación de un entrenador de un equipo  participante en el campeonato de empresas del Vallès Oriental, Paladino tuvo una entrevista con el directivo del EC Granollers, el Sr. Aguirre, quien dio el visto bueno para que pasara una prueba.

Atendiendo a su calidad técnica, al buen físico y a que no desentonó en los mecanismos de juego colectivo, mostrando un buen disparo con la derecha y un regate prometedor, el Sr. Colomé hizo un informe en el que expuso que no era un fichaje prioritario, aunque tampoco le iría mal tenerlo en el equipo.

A la charla se unió un directivo del club quien nos hizo una confidencia: el punto esencial para que  se hiciera el fichaje radicó en la exigencia económica del jugador. Renunciaba a ficha, mensualidades y primas, pero quería una bonificación de ciento cincuenta mil euros en caso de que el equipo quedase campeón de la categoría, vinculando este objetivo con la imposición de quedar máximo goleador del grupo V de la Tercera División RFEF.

Si bien ciento cincuenta mil euros era una cantidad fuera del alcance del club, debido a la osadía de la misma se llegó a la conclusión de que era muy poco probable que ambas condiciones se cumpliesen y que, de no ser así, el éxito del club implicaría la entrada de nuevos socios, de más ingresos por taquilla y patrocinadores, con lo que podría resultar muy conveniente la consecución de ambos objetivos. En el club se convino que era una operación que tenía mucho de surrealista pero que no implicaba riesgo alguno.

Minutos antes de que el entrenador marchara hacia las instalaciones del club, me dijo en un tono reservado:

Paladino no va a ser titular ante el Júpiter –mostrando con sus gestos que no se había ganado la titularidad en los entrenamientos.

Charlando con unos y otros, haciendo tiempo y apurando el penúltimo café del día junto a otros compañeros de profesión, una hora antes del partido nos dirigimos al Estadi Municipal del Carrer Girona, para tomar nuestro lugar en la zona destinada a los medios de comunicación.

Enseguida advertimos una mayor afluencia de lo habitual en las cercanías del campo. En el calentamiento de los equipos ya se había superado la afluencia media de la temporada anterior, unos doscientos espectadores por partido. Con la retirada de los jugadores a los vestuarios, mientras los altavoces atronaban anuncios, se dio paso a las alineaciones. A los gritos de apoyo ante cada jugador local, siguió un rumor de desconcierto cuando la gente se dio cuenta que Paladino no iba a ser titular. Algunos silbidos acompañaron el fin de la locución de las alineaciones.

A punto de saltar ambos equipos al terreno de juego, podía afirmarse que el número de espectadores doblaba la media habitual, si bien para un viejo estadio con capacidad para dos mil personas, todavía resultaba una pobre entrada.

A punto de terminar la primera parte el CE Júpiter se adelantó con un gol de Jaume Cebrián de un magnífico testarazo. El partido estaba siendo muy igualado y trabado. Los socios y aficionados que acudieron al Estadi, no tenían motivos para ser optimistas.

En la segunda parte todo seguía igual, si acaso con un EC Granollers más impreciso en la construcción del juego. El entrenador hizo dos cambios en el minuto veinte de la segunda parte, guardándose un último cambio para cualquier imprevisto.

Pasaban los minutos y el marcador seguía siendo de 0-1. Ante el dominio del partido por parte del CE Júpiter, justo al rebasarse el minuto ochenta, empezaron a escucharse peticiones esporádicas para que se diera entrada a Palladino. Poco a poco, a medida que el reloj avanzaba, el griterío fue tomando vigor, hasta que un coro improvisado comenzó a gritar el nombre del jugador.

Los periodistas que estábamos en la tribuna de prensa nos miramos sorprendidos y un poco desconcertados. El valor de unas palabras dichas en una presentación habían alcanzado la categoría de hechizo, hasta el punto que la mayoría de espectadores lo había interiorizado como una gran esperanza.

Cuando la grada vio a Paladino salir del banquillo para hacer el calentamiento se escuchó un rugido, como si se recibiese a un jugador que hubiese ganado cien batallas.

El tercer cambio se produjo en el minuto ochenta y cinco cuando Paladino sustituyó a Arahuete, situándose en la media punta del ataque, un poco tirado a la izquierda.

Todos los que estaban en el campo tuvieron la certeza de que algo iba a ocurrir, volcándose con el equipo de un modo que no recordaba haber visto en muchos años. La probabilidad  de  que en unos pocos minutos toda la efervescencia quedase reducida a un silencio desolador era muy alta, pero he de reconocer que me sentí subyugado por la opción de que los presentes estuviésemos a punto  de ver surgir un cometa de la nada.

 

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